jueves, 8 de marzo de 2012

Valencia, una ficción distópica


Como amante de la ciencia ficción, he releído con interés la obra de autores como John Stuart Mill, conocido especialmente por su obra en otros géneros literarios, la filosofía y la economía, también de ficción, como el que versa sobre extraterrestres o robots, aunque desgraciadamente algo menos científicos. A él le debemos el “palabro” distopía o antiutopía, ese objetivo que parecemos empeñados en alcanzar desde que la crisis se llevó por delante las supuestas barreras de contención político-social, construidas a lo largo de muchos años.

En especial, la Comunidad Valenciana, se ha convertido en el paradigma de esa utopía perversa en la que bajo una aparente tolerancia y permisividad, se aplaude el éxito fácil, el comportamiento amoral del hombre público, que carece de consecuencias, fomentando el “todo vale” y el “los más listillos son los que triunfan”, con un adoctrinamiento masivo por parte de los poderes públicos y una manipulación sistemática mediática y política que llega a la mentira descarada, negando la evidencia allá donde no coincide la realidad con sus intereses.

Casi sin darnos cuenta, pasamos del estado de pobreza estructural (en los 70, España figuraba en todas las listas de países en vías de desarrollo), al estado de "nuevos ricos", montados sobre las burbujas del ladrillo y de la corrupción (inexorablemente ligadas), que alentaban gobiernos y políticos de ambos signos, al igual que los representantes del poder económico real, con pedigree,  los banqueros. De la mano de las subprime, hemos descubierto que teníamos los pies de barro, que nuestro futuro ya no es lo que era, que volvemos a ser casi pobres (siempre comparados con nuestros principales referentes europeos), y tras un tímido y tardío intento de desenterrar a Keynes, nos hemos lanzado de cabeza hacia un proceso regresivo, tanto a nivel económico como social.

Vale que, y como corresponde a cualquier distopía que se precie, nos hemos acostumbrado a un enorme control social, a la mediocridad de nuestros gestores públicos, al afán consumista, al aislamiento  progresivo y en paralelo al crecimiento de la sociedad de la comunicación, que nuestros jóvenes y no tan jóvenes no están curtidos en el esfuerzo y sacrificio y que apenas poseen resistencia a la frustración, pero ¿es este el camino que queremos recorrer?.

Cuando leo las declaraciones del 7 de marzo de uno de nuestros pocos empresarios emprendedores y exitosos, el presidente de Mercadona, Juan Roig, no puedo dejar de estar de acuerdo en lo tocante al despilfarro, la corrupción, en que nos hemos pasado 20 pueblos (25 en la Comunidad Valenciana), en la necesidad de implantar la cultura del esfuerzo y el trabajo, pero ¿cual es nuestro modelo de sociedad?, ¿queremos ir más lejos todavía en la reforma laboral garantizando la desigualdad en las relaciones entre empresario y trabajador y anulando todo tipo de protección?, ¿queremos competir en costes de mano de obra con países carentes de desarrollo social como es el caso de China?, ¿queremos ser chinos o pertenecer a la Europa occidental que se había forjado encontrando un lugar entre el liberalismo capitalista y el socialismo de planificación central?.



Aconsejo sacar de las estanterías y releer obras como “1984” de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, “Nosotros” de Yevgeni Zamiatin, “Fundación” de Isaac Asimov o “Dune” de Frank Herbert. Tal vez la visión de esos mundo al que nos dirigimos a velocidad de crucero, nos haga replantearnos algunas cosas. Todavía estamos a tiempo.



1 comentario:

  1. Me choco de bruces con tu blog, Ricardos de Valencia, y me captas la atención con unas inhabituales reflexiones algo profundas, que entre tanto fúrbol y buñuelos y fallas cremás, se me había constipao la neurona. ¡Hay alguien al otro lado! ¡no estoy solo!.
    A pesar de que el término "distopía" no viene recogido en la RAE, en la Wikipedia (¿ya es institución?) se define como "sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia."

    Has dado en el clavo, ya que el término, pues, viene de perlas a la sociedad española actual, y en particular a la Valennsssiana. ¿futuro? no, presente. ¿Manipulación, adoctrinamiento? total. ¿Totalitarismo? el que se ejerce con el control total de los medios de comunicación, el poder fáctico del Don dinero y la distracción del vulgo.

    La comunidad Valenciana muere como lo que es: una gran falla, pero esta vez se quema la riqueza de verdad, y las ilusiones vanas de los valencianos, asentadas en el enriquecimiento fácil y rápido del boom inmobiliario.

    Upss, perdón!, que este es tu blog!!!
    Pero resuenan en mi mente las palabras: control, condicionamiento, exterminio.
    Y sobretodo, MENINFOTISMO: http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/tags/meninfot/

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