Cuando era joven, mis padres y profesores no cesaban de repetirme que la juventud siempre ha sido una etapa de inconformismo y lucha por un futuro mejor, y una vez sentado ese axioma, tras castigar cualquier atisbo de rebeldía, me contemplaban con cierta condescendencia y hasta comprensión por mi condición de poseedor de una "enfermedad que inevitablemente se cura con los años".
De la mano del tiempo, que solo a unos pocos privilegiados
enriquece a través de la experiencia, y los más, tan solo nos va aproximado al fin, vamos perdiendo la capacidad de
pelear por aquello que consideramos justo, y nos vamos alejando de las
trincheras en primera línea, con la excusa de curar nuestras heridas y poder
mostrar mejor el camino (desde el protegido bunker del "estado mayor"), a aquellos
otros que llegan frescos para dar la siguiente batalla y dejarse el pellejo en
el empeño.
A partir de ese momento de relevo, los que antaño
hablábamos de cambiar el mundo, contamos a los más jóvenes que es el mundo el que les acabará cambiando a ellos, al igual que hizo con nosotros. Un mensaje cargado de frustración por nuestros fracasos y sobre todo, de dolor por la pérdida del bien preciado de la juventud.
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Más de 80 años de distancia no cambian el lamento por el don perdido, proceda de un diplomático nicaragüense residente en palacios, o de un poeta ubetense, desde la posada del fracaso.
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita
¿quién me ha robado el mes de abril?
¿Pero cómo pudo sucederme a mí?
Los tiempos cambian y a cada época le corresponde una
forma de lucha diferente, pero en esencia el mecanismo sigue siendo el mismo. ¿Cual es la diferencia?. Para unos, su falta de valores y/o su afán desmedido por el consumo, para otros, la consecuencia de décadas
de prosperidad y comodidad nunca antes vistas que les ha inhabilitado para resistir a la frustración, tal vez el alto desempleo unido a la
precariedad laboral a la que les tenemos sometidos, puede que sea el convencimiento cada
vez más instalado entre ellos de que vivirán con menos comodidades que sus
mayores,.... Creo que no es nada de eso. Es sobre todo, la práctica ausencia de referentes éticos en el mundo de sus mayores, que les hemos legado una sociedad globalizada que se dirige a toda máquina rumbo a su propio iceberg globalizado.
Alérgico a los pólenes
La muerte no existía
éramos asquerosamente jóvenes.
La Orquesta del Titanic no dejó de
tocar
El fox de los ahogados sin
consuelo.
Por vez primera en generaciones, la mayoría de los adultos
hace tiempo que hemos “tirado la toalla”. Los otrora combativos Sabina y Serrat, han optado por emular a la orquesta del Titanic, resignándose ante el inevitable
hundimiento del barco/ estado del bienestar, y reivindicando un gesto tan
hermoso como inútil, a lo Cyrano de Bergerac, seguir tocando hasta que el agua
salada del océano lo impida.
Oficiales y marinería se ocupan de ajustar los chalecos y de acomodar en lanchas salvavidas a los financieros y otros poderosos, mientras impiden el acceso a cualquier vía de escape a la mayor parte de la humanidad. 500 personas detentan tanta riqueza como los 500 millones de seres más pobres, y mientras 840 millones de personas pasan hambre y 11 millones de niños mueren cada año por falta de alimento, la humanidad gasta 200 veces más dinero en comprar armamento. El medio ambiente y la sostenibilidad constituyen materia académica de debate, mientras se derriten los casquetes polares, aumenta la sequía, los huracanes y todo tipo de desastres naturales,..
Pero no es cierto que no quede nadie para llevar el timón o que no haya alternativa al hundimiento,....
En el año 2010 Stéphane Hessel, un anciano de 93 años, eleva su voz para llamar a la indignación y prende una hoguera en una Europa a la expectativa de señales de vida inteligente, mientras en España, otro anciano también nacido en 1917, JoséLuis Sampedro , encabeza un
grupo de artículos bajo en nombre de Reacciona. En los primeros meses de 2011 y
nacida en las redes sociales, surge la plataforma progresista y antineoliberal,
¡Democracia Real YA!, mientras que el Movimiento 15-M, irrumpe con la intención
de promover una democracia más participativa. Son algunos de los ejemplos más visibles de las cada vez más
numerosas organizaciones independientes de los partidos políticos, que luchan contra la
corrupción, el trabajo precario, las desigualdades, y a favor del progreso, la
solidaridad y la sostenibilidad.
Oficiales y marinería se ocupan de ajustar los chalecos y de acomodar en lanchas salvavidas a los financieros y otros poderosos, mientras impiden el acceso a cualquier vía de escape a la mayor parte de la humanidad. 500 personas detentan tanta riqueza como los 500 millones de seres más pobres, y mientras 840 millones de personas pasan hambre y 11 millones de niños mueren cada año por falta de alimento, la humanidad gasta 200 veces más dinero en comprar armamento. El medio ambiente y la sostenibilidad constituyen materia académica de debate, mientras se derriten los casquetes polares, aumenta la sequía, los huracanes y todo tipo de desastres naturales,..
Pero no es cierto que no quede nadie para llevar el timón o que no haya alternativa al hundimiento,....
En el año 2010 Stéphane Hessel, un anciano de 93 años, eleva su voz para llamar a la indignación y prende una hoguera en una Europa a la expectativa de señales de vida inteligente, mientras en España, otro anciano también nacido en 1917, José
Los partidos observan con recelo todos estos movimientos,
mayoritariamente juveniles, que escapan a su iniciativa y control, algunos
intentan capitalizarlos, mientras otros los condenan, y desde el gobierno se
reacciona con nerviosismo no exento de brutalidad (caso de los estudiantes del
Lluis Vives) que contribuye a alimentar el fuego de la reivindicación.
¡A la calle! que ya es hora
Parece que los jóvenes sí están ahí y sí tienen cosas que decir y, desde luego no parecen entusiasmados con un legado, que ha hecho aumentar las injusticias, desigualdades y exclusión social en el mundo.
¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
Parece que los jóvenes sí están ahí y sí tienen cosas que decir y, desde luego no parecen entusiasmados con un legado, que ha hecho aumentar las injusticias, desigualdades y exclusión social en el mundo.




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