Estaba el Señor Don Gato
sentadito en su tejado,
marramiau, miau, miau,
sentadito en su tejado
Es viernes, y hace pocos minutos que ha amanecido. El sol, todavía adormecido, se resiste a calentar con sus rayos a los todavía escasos viandantes que circulan por las aceras de la Villa y Corte, con esa premura y expresión de tristeza resignada que caracteriza a los que están a punto de iniciar una nueva jornada de un trabajo precario. El Presidente, se asoma a uno de los balcones de su residencia en la Moncloa, y observa con detenimiento toda la extensión de la ciudad que le permite abarcar su mirada. Está contemplando su Roma personal, el centro geográfico y político del poder heredado, por fin y tras una larguísima travesía del desierto, hace ahora algo más de dos años.
El aire de la mañana, helado y cortante, le provoca escalofríos que le hacen retornar al calor del hogar y sentarse a una mesa en la que le han servido un copioso y selecto desayuno, del que da cumplida cuenta, sin apenas prestar atención a la prensa que han depositado a su lado, ya que le asaltan los mismos pensamientos que últimamente se han convertido en obsesión: ¿por qué será tan duro esto de gobernar?, ¿por qué esa gente por la que me desvivo día a día, se comporta con tanta ingratitud?, ¿llegará el momento en el que se me reconozca el esfuerzo y mérito de haber sacado a este país de la profunda sima en la que le había precipitado el gobierno de Zapatero?.
Ha recibido una carta
por si quiere ser casado,
marramiau, miau, miau, miau,
por si quiere ser casado.
Con una gatita blanca
sobrina de un gato pardo,
marramiau, miau, miau, miau,
sobrina de un gato pardo.
Y es que está firmemente convencido de que la reforma laboral está aumentando la flexibilidad y competitividad de nuestra economía, en lugar de facilitar el despido y abaratar los salarios como afirman sus detractores; que la de la justicia, ha mejorado notablemente la eficacia y eficiencia de unos juzgados antes colapsados, en lugar de alejarla de los que carecen de recursos para hacer frente a las nuevas tasas judiciales; que la sanitaria y la educativa, al igual que la de las pensiones, están garantizando la sostenibilidad del sistema y del estado del bienestar, y no acabando con la universalidad y gratuidad de la sanidad pública, educación y jubilación digna, tras toda una vida de trabajo y cotizaciones; que las modificaciones fiscales y tributarias, aunque no deseables, han contribuido positivamente a corregir el déficit del Estado, y que no era razonable penalizar a los más privilegiados, que se habrían apresurado, como es lógico, a trasladar sus ingentes recursos financieros a paraísos fiscales.
Piensa asimismo que todavía quedan muchas cosas que corregir, ya que en este país habíamos ido demasiado lejos confundiendo en numerosas ocasiones la libertad con el libertinaje, lo que justifica plenamente los cambios introducidos en materia de seguridad ciudadana y alguna que otra concesión a los sectores más conservadores del partido, caso de esa asignatura de educación ciudadana socialista o del aborto libre, que nos había convertido en uno de los países más permisivos de Occidente.
El gato por ir a verla
se ha caído del tejado,
marramiau, miau, miau, miau,
se ha caído del tejado.
Se ha roto seis costillas
el espinazo y el rabo,
marramiau, miau, miau, miau,
el espinazo y el rabo.
El ministro se ha roto dos costillas, y aunque no sabemos nada de su espinazo y su rabo, sería muy deseable que este accidente lo imposibilitara para el ejercicio de su función. Dado que, ni una capacidad probada, ni una experiencia acreditada forman parte del perfil del puesto de ministro, y que ni tan siquiera les exigimos para dicho ejercicio, compartir un mínimo sistema de valores, tales como honradez, equidad, libertad y respeto al prójimo, podríamos utilizar los mismos criterios que para el fichaje de futbolistas y así, a menisco lesionado, o a costillas rotas, restarles valor para el puesto.
Y lo peor de todo es que el rabo de este gato justiciero, al igual que el del actualmente responsable del sistema educativo, cada vez se parecen más al del mismísimo Arcangel Miguel -que al igual que Lucifer y aunque no está acreditado, también era portador de un considerable rabo-, siempre a la búsqueda de almas a las que salvar para la gloria eterna, alejándolas de cualquier tentación revolucionaria igualitaria, propia de las izquierdas marxistas trasnochadas. Que para tentaciones, basta con las numerosísimas oportunidades de ser corrupto en el manejo de los recursos públicos, que esos pecadillos siempre se pueden lavar oportunamente, si se cuenta con el confesor, juez y fiscal adecuados.
Ya lo llevan a enterrar
por la calle del pescado,
marramiau, miau, miau, miau,
por la calle del pescado.
Al olor de las sardinas
el gato ha resucitado,
marramiau, miau, miau, miau,
Por desgracia, las tradicionales amenazas de excomunión han perdido hoy en día gran parte de su eficacia, así que el gobierno ha tenido que recurrir al uso de la fuerza, incrementando espectacularmente las sanciones económicas asociadas a ciertas conductas socialmente censurables (caso de difundir imágenes de policías, en lugar de imágenes de pederastas abusando de tiernos niños, o de gestores de entidades financieras vendiendo preferentes), y utilizando un medio odiado por igual, por gatos y manifestantes quemadores de contenedores de basura, el agua.
Enmarcado en esa tarea titánica en la que se ha empeñado el gobierno popular, de retornar a este país a los felices 70, se pasea por Madrid un autobús cubierto de imágenes terroríficas e impactantes contra el aborto (por gentileza de los colegas del Centro de Reforma Bioética de USA), mientras que el Ministerio de Interior se prepara para enfriar nuestros ardores guerreros callejeros a base de camiones botijo lanzadores de chorros de agua a presión, bajo el lema de “con el PP hay agua para todos”, y se organiza un acto institucional de desagravio con entrega de la Cruz Laureada de San Fernando, a la Infanta Cristina y a Miguel Blesa.
Solo falta que José María Aznar Botella, como ángel recadero de su señor padre, anuncie su regreso.
Por eso dice la gente
siete vidas tiene un gato,
marramiau, miau, miau, miau,
siete vidas tiene un gato.

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