lunes, 17 de marzo de 2014

No abandones toda esperanza, ¡comprométete!


Maestro, ¿qué es lo que oigo, y qué gente es ésa, que parece doblegada por el dolor? Me respondió: - Esta miserable suerte está reservada a las tristes almas de aquellos que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio; están confundidas entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que sólo vivieron para si. El Cielo los lanzó de su seno por no ser menos hermoso, pero el profundo Infierno no quiere recibirlos por la gloria que con ello podrían reportar los demás culpables”.

Corría el año 1304, y el florentino Dante Alighieri, genio precursor del pensamiento renacentista, ya aborrecía la indiferencia y la falta de implicación entre sus semejantes a la hora de concebir el nuevo mundo que debía sustituir al agonizante teocentrismo del medievo, razón por la que situó a los indiferentes en este nivel de su particular Inferno. ¿Quiénes no son rebeldes ni fieles?, ¿quiénes merecen aún peor castigo que los enemigos del Dios único y verdadero?, y su respuesta nítida, señala a aquellos indiferentes, que tan solo viven para si y para sus intereses, a aquellos que se autoafirman como deliberadamente ignorantes en materia de religión y de política, a aquellos cuyo sistema de valores se adapta con facilidad a cualquiera que emane del poder de turno, tristes almas que se acomodaron a vivir sin infamia y sin honor.

710 años más tarde, hacemos afirmaciones como estas: “Todos son iguales, políticos de derechas e izquierdas, escoria, parásitos acostumbrados a bienvivir a consta de nuestros esfuerzos y sacrificios”. “Yo soy apolítico, y cuanto más alejado esté de todo lo que representan, tanto mejor”. “Me resulta absolutamente indiferente quien gane las próximas elecciones europeas de mayo, no pienso votar”.  

En mis años de empleado público, y ya desde el primer día de mi incorporación al trabajo, aprendí una máxima –algo tosca y machista, pero no por ello menos cierta- que siempre ha gobernado gran parte de las actuaciones de cualquier Administración, fuere cual fuere su signo: “al amigo, el culo; al enemigo, por el culo; al indiferente, la legislación vigente”

"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" ( Bertolt Brecht).

Y todavía otra cita del existencialismo francés de esos mismos años, aquella de Jean Paul Sartre que da sentido, entre otras, a su obra Chemins de la Liberté: “il faul s’engager pour la façonner”. “Haga lo que haga, rehuir, aunque fuera por un instante la responsabilidad, incluso sería responsable de rehuir mis responsabilidades […] Estar pasivamente en el mundo...es aún elegir”. En una etapa de especial turbulencia (años 1938-1940), los existencialistas franceses nos muestran que el compromiso, al igual que la libertad, es un estado ligado a la condición humana, por lo que, hagamos lo que hagamos, incluso si intentamos rehuir nuestra responsabilidad, estaríamos siendo responsables de este intento. 

La vida no tiene sentido a priori hasta que la dotamos de valores, nuestra principal tarea como seres humanos, y cuando estos no existen o se han debilitado como ocurre ahora,  se corre el riesgo de que sean sustituidos por otros impuestos por minorías interesadas en reforzar su poder y dominio sobre el resto de los ciudadanos. 

“Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate”

No hagáis caso de ese aviso en el dintel de la puerta. No perdáis toda esperanza por haber entrado en este lugar tenebroso en el que ya llevamos penando 6 largos años. Es posible salir de este lugar porque todavía no hemos descendido a los nueve círculos del infierno. Busquemos a Caronte y expliquémosle que queremos cruzar el río Aqueronte para tomar partido, que tenemos claro qué valores defendemos y queremos compartir mayoritariamente como sociedad para dar sentido a nuestras vidas.

Cuando lleguen las elecciones de mayo, debemos movilizarnos y votar sin preguntarnos quien nos simpatiza más, o quien será menos corrupto cuando gobierne. Interroguémonos sobre el sistema de valores que caracteriza a cada formación política. ¿De verdad son todos iguales?. ¿Qué implicaciones tiene para nosotros compartir los valores del Partido Popular Europeo o al menos vivir en una sociedad en la que son dominantes, como ahora?. ¿Qué supondría compartir los del Partido de los Socialistas Europeos?. ¿Y los de la Alianza de Demócratas y Liberales?, ¿los de los Verdes?, ¿los del Partido de la Izquierda Europea?, [...].

Nuestro modelo ideológico está cambiando rápidamente, apostando por eliminar o al menos minimizar aquellos mecanismos que a lo largo de las últimas décadas habían servido para favorecer la igualdad de oportunidades, limando en parte las mayores desigualdades propiciadas por el capitalismo, y el sistema cada vez se blinda más ante los discrepantes.  Parafraseando de nuevo a Sartre, "al río que arranca algunas pequeñas cosechas, lo llaman violento, pero no permiten que nadie llame violento al lecho que lo oprime".

Mi espíritu, fugitivo aún, se volvió hacia atrás para mirar el lugar del que desde el gobierno me dijeron que no salió nunca nadie vivo sin ser menos igual, ese lugar del que siempre me dijeron que solo podría salir de la mano del nuevo Virgilio y su vicepresidenta Beatriz. Sé que no es cierto. Después de haber dado algún reposo a mi fatigado cuerpo, continué caminando hacia los primeros rayos del sol.

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